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Aprendí a comunicarme mejor y mis valoraciones de Airbnb despegaron

Eran las 18:37 de un martes de agosto en Valencia. El sol seguía pegando fuerte, pero la brisa del Paseo de la Alameda me daba un respiro. Tenía el teléfono pegado a la oreja, sudando, mientras una huésped holandesa, visiblemente frustrada, me decía que no encontraba la llave del ático de Ruzafa. Había llegado hacía 20 minutos, y mi indicación, un escueto mensaje genérico enviado el día anterior, no le había servido para nada. Me sentí un completo inútil, un aficionado que gestiona seis apartamentos pero no es capaz de que un huésped entre sin problemas. Ella, por supuesto, ya estaba cabreadísima antes de siquiera pisar el apartamento. Mi valoración en Airbnb iba a bajar, lo sabía.

El problema real: no anticiparse es apagar fuegos

Después de esa tarde, en la que tuve que dejar todo para ir a solucionar un problema que era 100% evitable, me di cuenta de que mi problema no era la llave, sino mi manera de comunicarme. Gestiono cuatro apartamentos en el centro de Valencia y otros dos en El Cabañal, y cada vez que pasaba algo así, me comía los nervios y me quitaba horas de mi día. Las prisas, el no anticiparme a las dudas obvias de la gente, los mensajes estándar que no decían nada realmente útil… todo eso se traducía en estrés para mí, y en una experiencia mediocre para el huésped.

Y ya sabes lo que eso significa: valoraciones bajas en comunicación, menos reservas porque la gente lee esos comentarios, y lo peor de todo, más llamadas inoportunas a horas en las que solo quieres cenar tranquilo. Mi media de valoración por la comunicación no subía de un 4.3 y me frustraba muchísimo.

Lo que probé y no funcionó (o me quemó)

Al principio, creía que la solución era estar siempre disponible, con el móvil casi fundido en la mano. Contestaba a los segundos, a veces incluso antes de que acabaran de preguntar. Pero eso es agotador, te quema, te esclaviza. Acababa con la sensación de que trabajaba 24/7 y la mayoría de las preguntas eran siempre las mismas.

Luego, probé con mensajes automáticos súper genéricos que tenían la información básica, pero sin un ápice de humanidad. El resultado: más preguntas, porque la gente se sentía como hablando con un bot sin alma, y a veces la información no era del todo clara para todos los huéspedes. Una vez, un chico me preguntó si el código de la puerta era el que le había enviado, porque le parecía demasiado largo para ser real. Era real, pero mi mensaje no lo explicaba bien.

También intenté contratar a una chica a tiempo parcial para que gestionara los mensajes, pero entre el coste (unos 380€ al mes para unas 15h semanales, que es un buen pico si tienes un negocio pequeño como el mío) y que a veces no tenía el contexto completo de cada reserva o la información actualizada al minuto, seguía habiendo fallos y la personalización brillaba por su ausencia. Además, dependía de ella al 100%, y eso no me gustaba.

Lo que sí funciona: comunicación proactiva y personalización estratégica

Fue ahí cuando di un giro. Empecé a pensar en la comunicación no como una obligación reactiva, sino como una herramienta proactiva. Mi mantra se volvió: anticípate a la duda. No es solo responder rápido, es que no tengan que preguntar.

1. Automatiza lo aburrido, humaniza lo importante

Lo primero que hice fue mapear todos los puntos clave de la estancia de un huésped. Desde la reserva hasta el checkout. Y para cada punto, preparé un mensaje. Pero ojo, no mensajes fríos de robot, sino plantillas que luego se personalizan con el nombre del huésped, el nombre del apartamento y fechas específicas. Esto es clave para que no suene a genérico.

2. El calendario de mis mensajes infalibles

La clave es usar variables en estas plantillas: el nombre del huésped, el nombre del apartamento, la fecha de llegada. Así, cada mensaje, aunque automatizado, se siente personal y relevante para ese huésped específico.

Cifras y resultados concretos que he conseguido

¿Resultados? Pues mira, te doy cifras concretas. Antes, mi media de valoración general en Airbnb para los 6 pisos rondaba el 4.3, y la de comunicación se quedaba ahí. Ahora, estamos en un 4.7 de media general, y las valoraciones sobre "Comunicación" han pasado a ser casi siempre un 5.0, un punto fuerte constante en mis comentarios.

He reducido las llamadas urgentes o preguntas repetitivas después de las 20:00h en un 60%, y mi tiempo dedicado a responder preguntas básicas ha bajado de unas 15-20 horas a la semana a unas 4-5. Imagínate lo que eso significa para mi vida personal y la tranquilidad mental. Además, los comentarios sobre la comunicación son casi siempre positivos, del tipo "El anfitrión es muy atento y nos dio toda la información necesaria sin tener que pedirla", o "La comunicación fue excelente, muy fluida y siempre respondieron rápido y con claridad". Esos comentarios valen oro.

Todo esto lo he conseguido con una buena planificación y el uso de una herramienta de gestión de mensajes. Si quieres ver cómo te ayuda a implementar algo así en tus pisos, en AgenteBnb tienes 14 días gratis sin tarjeta para probarlo.

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