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Cómo recuperé mis noches de sueño y mi 4.8 en el Airbnb

Eran las 2:30 de la madrugada y yo estaba despierto, mirando el techo en mi piso de Granada. Acababa de sonar el móvil por enésima vez. Un huésped me preguntaba a esa hora, con un check-in programado para el día siguiente, si había toallas suficientes. Toallas. A las dos y media de la mañana. Me hervía la sangre, pero a la vez, sentía esa punzada de culpabilidad. ¿Y si no tenía toallas? ¿Y si no le respondía y me ponía un 1? Me levanté, revisé la app y le contesté, con la peor de mis sonrisas imaginarias, que sí, que tendría dos por persona. A la mañana siguiente, no había descansado nada y tenía la sensación de que mi vida era una sucesión de notificaciones. Estaba quemado, te lo juro. Me sentía más un operador de call center 24/7 que un anfitrión de éxito con mis 6 pisos.

El problema real: vivir pegado al móvil

No sé si te pasa a ti, pero yo llegué a un punto donde sentía que no tenía vida propia. Cada vez que sonaba el móvil, era un sobresalto. Tenía la manía de contestar al segundo para no bajar de ese ansiado “tiempo de respuesta en menos de una hora”. Esto significaba que, si estaba con mis amigos, cenando o incluso viendo una peli con mi pareja, el teléfono iba conmigo. Y claro, las preguntas eran de todo tipo: “¿cómo se enciende la tele?”, “¿dónde hay un supermercado?”, “¿funciona el wifi?”, “¿podemos dejar las maletas tres horas más?”... Y lo peor es que muchas eran preguntas repetidas, que ya estaban en la guía del piso o incluso en los mensajes automáticos que enviaba la plataforma.

Empecé a notar que mi valoración de comunicación, que siempre había sido un 4.9 o un 5, estaba bajando. Me encontré con un 4.6 en uno de los pisos. ¿Por qué? Porque a veces, por mucho que te esfuerces, si tardas 15 minutos en responder algo que el huésped considera urgente (aunque no lo sea), para ellos es un retraso. Y si encima estás de mal humor por el cansancio, la calidad de tu respuesta no es la misma.

Lo que probé y no funcionó (o no del todo)

Como soy un culo inquieto, empecé a buscar soluciones. Te cuento algunas cosas que hice y que, sinceramente, no me funcionaron tan bien como esperaba:

Lo que sí funciona de verdad (y cómo lo aplico yo)

Después de darle mil vueltas, probando y equivocándome, di con un sistema que me ha cambiado la vida. Te lo desgloso:

1. Categoriza tus mensajes

No todas las preguntas son iguales. Hay preguntas frecuentes, preguntas urgentes, y preguntas que requieren una respuesta personalizada. Lo que yo hice fue crear categorías de mensajes y para cada categoría, una plantilla base:

2. Plantillas que parecen escritas a mano (pero no lo están)

Aquí está el truco gordo. Para cada categoría, tengo varias plantillas. Pero la clave es que incluyo variables que se rellenan automáticamente: el nombre del huésped, la fecha de check-in, el nombre del piso, el código de la puerta. Así, el mensaje siempre empieza con un “Hola, [Nombre del huésped], espero que tu viaje a [Nombre de la ciudad] vaya genial.” Y no suena a robot.

Por ejemplo, para la típica pregunta del Wi-Fi: tengo una plantilla que dice:

“¡Hola, [Nombre del huésped]! Entiendo que necesitas la clave del Wi-Fi. Está en el router, pero para que sea más fácil, es: [Nombre de la red Wi-Fi] y la contraseña: [Contraseña del Wi-Fi]. Si tienes algún problema para conectar, avísame y lo miramos juntos. ¡Que disfrutes del piso!”

Esto lo tengo guardado y se envía con un par de clics.

3. Horarios para responder (y para desconectar)

Aprendí que no tengo que responder a las 2:30 de la mañana. Me configuré un horario de atención. Mis mensajes automáticos cubren las noches, pero si un huésped me pregunta algo a las 2 AM, la respuesta automática dice que contestaré a primera hora de la mañana. Y yo me lo aplico. Tengo una ventana de 9:00 a 22:00 para responder. Si me llega algo fuera de ese horario, no lo miro. Te aseguro que la mayoría de las cosas pueden esperar a la mañana siguiente. Esto me ha permitido recuperar mi vida personal y mis 7 u 8 horas de sueño, que valen oro.

4. La “pregunta de oro” en el pre-check-in

Un truco que me ha ahorrado muchísimos mensajes. En el mensaje de pre-check-in (normalmente 24-48 horas antes de su llegada), además de darles las instrucciones básicas, siempre incluyo esto:

“Para que tu llegada sea lo más fluida posible, ¿hay algo específico que te preocupe o que quieras saber antes de llegar? Cualquier duda sobre el wifi, el aire acondicionado, dónde comer… dímela ahora y así lo dejamos todo claro.”

No sabes la cantidad de preguntas frecuentes que me responden en ese momento. Es proactivo y el huésped lo valora un montón.

5. No automatices el cariño

Hay mensajes que siempre respondo a mano. Un huésped que me da las gracias por una recomendación. Un feedback constructivo (o no tan constructivo). Una felicitación. Esas interacciones humanas son las que marcan la diferencia. Automatiza lo repetitivo, pero no pierdas la oportunidad de mostrar que hay una persona detrás del negocio.

Mis cifras y resultados concretos

Desde que implementé este sistema, los cambios han sido palpables. Antes, mi tiempo medio de respuesta rondaba los 40 minutos, y algunos días se disparaba a horas. Ahora, mi media es de 3 minutos y 38 segundos. ¡Te lo prometo! Y lo mejor es que lo hago sin estrés, sin vivir pegado al móvil.

Mi valoración de comunicación subió en todos los pisos, y el que tenía un 4.6 ahora está en un 4.8. Y no solo eso, los comentarios sobre la comunicación son espectaculares. He recibido frases como “la comunicación fue excelente y rapidísima” o “siempre atentos y disponibles”.

En cuanto a tiempo personal, calculo que he recuperado unas 11 horas a la semana que antes dedicaba a mensajes, búsquedas y respuestas. Esas 11 horas las uso para mejorar los pisos, buscar nuevas propiedades o simplemente, para vivir.

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